
Beefeater. La chica negra del pelo eléctrico y gafas de sol retro simboliza con sus dedos su victoria y con su sonrisa me quiere hacer creer que también es la mía. Está morena, como nos gusta, quizás es que ella es mulata, o negra, me gustan los negros, a veces más que los blancos. El reloj marca las 18:53 de la tarde. Mi morena blanca preferida, con o sin sonrisa, acaba de cruzar la puerta hace un rato y mi pelo, también alborotado, no es capaz de imitar a la chica Beefeater. Mis dedos tampoco saben hacer ya ese gesto, ese símbolo de victoria, quizás porque me recuerda a Fernando Alonso cuando aún sabía ganar una carrera, a algún partido de esos llamados de derechas cuando aún sabía ganar las elecciones, también a algún gilipollas de turno que gobierna, o lo intenta, sepa o no sepa ganar esas elecciones, o al super dépor, sí, cuando ganó la liga.
Los chicos Beefeater están serios, tiesos, no se mueven, ni el más ínfimo huracán haría que abandonasen su puesto. Duros soldados. Esclavos de la victoria. The power of London. A veces me gustaría tener su fuerza, su resistencia, su pasividad y porque no decirlo su paciencia. Su paciencia para ver pasar las cosas inmunes, sin moverse, sin apenas percibir, tal un árbol en el jardín de la casa de verano de mis vecinos de Valladolid. Los chicos Beefeater no hablan. No pronuncian palabras y quizás sea la solución más óptima, porque señores, las palabras nunca se volverán en su contra. Nos convencemos a nosotros mismos con miles de palabras, con millones de palabras, que años, meses, días, horas, minutos o incluso segundos después de pronunciarlas las tiramos a la basura y las cerramos en bolsa de plástico. Pero señores esos años, esos meses, esos días, esas horas, esos minutos o incluso esos segundos antes las hemos pronunciado convencidos de que así era, entonces créanme, no debe de echarse en cara, porque sólo se han utilizado para auto-convencerse, o sí, si quieren para engañarse a uno mismo, pero no para perjudicar a un tercero.
El cargo de conciencia se sube al caballo y galopa más salvaje que nunca cuando de nuevo se da cuenta de que no sabe galopar, y de que todos los argumentos que ha utilizado no han servido, que de nuevo se caerá del animal, y se dará un golpe, pero no es necesario que un buen jinete le recuerde que no debería de haberlo probado. Se caerá y se volverá a levantar y volverá a galopar, pero tendrá que aprender a hacerlo sólo, es demasiado tarde para recibir clases, y demasiado tarde para creer que no podrá aprender, para creer que se tendría que haber conformado con montar en la yegua de su primo Andrés o pasear agarrada a Pablo.
Necesitó, ha necesitado, necesita, y necesitará. Agradeció, ha agradecido, agradece y agradecerá, los buenos consejos que le han dado, desde la indumentaria, hasta como tratar al animal, mantener la calma, hasta pasando por la psicología. Es consciente de que nunca podría haberse iniciado sólo, de que nunca hubiese montado por primera vez y de que hoy no seguiría intentándolo, pero necesita libertad, necesita confianza en sí mismo. Necesita sentir el apoyo, oler, escuchar y jugar con él, pero no enfrentarse a él, que no se convierta en su presión, en su obsesión, en su preocupación.
Difícil de entender la psicología de un jinete, su manera de pensar, su mente. Le acusan de loco, bromean, o quizás en realidad lo piensan. El jinete tiene que luchar contra todo, y no sabe si estará preparado, pero no está dispuesto a perderse en el bosque y tampoco está dispuesto a perder a los amigos que le quedan porque sabe que éstos son de verdad. Ellos sí son jinetes, y de los buenos.
En los pies de su cama con la mirada profunda, las gafas, no retro, y el pelo también moreno, pero sin alborotar, la chica blanca del pelo negro con su sonrisa le quiere hacer creer que también es la suya, y si se lo dice ella, él sí se lo cree.
En los pies de otra cama estará su otra negra blanca en unas horas y después de dos días evitando el culo con culo, el jinete seguirá utilizando sólo un lado de su cama.


2 comentarios:
Demasiados tacos,no?
ihaveafriendincanada.blogspot.com
Dille ao xinete que agarre ben as rendas do seu cabalo e que manteña rumbo firme, xa verás como non falla
biquiños rapariga
Publicar un comentario