
El plumas en galardona los pies de mi colchón, la temperatura aumenta por momentos. El calor se hace inaguantable y las vueltas en mi cama acompañan el parpadeo de mis ojos que se muestran como platos. El tic tac del reloj rompe el silencio de mi habitación y el despertador se ilumina, la 1:34. Restan los minutos que me separan de ese llamado nuevo día y esta noche no podré dormir. No lo haré igual que no lo has hecho tú cientos de veces. En mi interior algo ha cambiado, todo se revoluciona igual que cuando estoy a punto de llegar al orgasmo. Te he pedido que reacciones y lo he hecho porque algo ha reaccionado dentro de mí. No dejo de imaginar y de imaginar, de volar y de volar, de soñar y de soñar.
Sí, lo sé, estoy siendo cursi, escúpeme a la cara, tienes permiso para hacerlo. Cojo la botella de agua y le doy un trago, te la paso. Quizás me dirás que ya no te gusta, que es insípida, pero dentro de un rato, cuando siga subiendo la temperatura te la volveré a ofrecer. Me la tirarás a los pies, a mis pies, a mis pies que son los tuyos, los más feos del mundo, pero los tuyos.
Nada es suficiente, y sabes que me gusta probar. Travesuras de la niña mala. Su golosina, su droga. Sus caprichos, su vicio. Objetivo entre dientes, en busca de la desdicha que la haga llegar al destino final. Antes su último capricho, un último vicio que se hace de rogar. Arrogante, prepotente, la niña tonta. La niña indecisa, la niña juguetona que no se cansa de jugar. Pero la niña que llora, la niña que llora cuando sabe que tiene que llorar. Que pide perdón, cuando no basta con perdonar.
Te acusa de cobarde, y no sabe mirar atrás. Enfila sus armas para el último combate que tendrá una primera emboscada, buscada, premeditada, disfrutada. Una emboscada que marcará el destino final, la bifurcación que escupirá el trago hacia tu cara o hacia mis pies, que recuerda, son los tuyos.
Habrá juego de sábanas, quizás será superficial, o quizás no. Algo reaccionará dentro de mí también en ese momento. No se trata ya de la niña de azul disfrazada de Maquiavelo sino del ego que persigue de una vez por todas al ladrón que robó aquella noche en aquel restaurante su felicidad, nuestra felicidad.
Quizás sea demasiado tarde, ya no es tiempo para jugar. Pero a la niña siempre le han gustado los juegos. Sí, le gustan los juegos, pero también le gustan los retos. El reloj dispara contra ella misma, pero antes una parada para poder fumar el cigarrillo que busca y desea en el medio de la partida de póker. El cigarrillo que no ha llegado a probar pero que anhela desde hace unos meses su olor y su sabor. Ella no fuma, pero esta vez quiere tragar el humo hasta no parar de toser. Necesita la oportunidad, y necesita que la tabacalera no expire y tome la iniciativa, que juegue a la ruleta de la fortuna y que disfrute del casino por una noche.
Quizás se trate sólo de sexo. Nada más. Quizás la ruleta sirva para marcar el rumbo decisivo. ¿Y porque le ha tocado a ese áspero cigarro? Quizás el azar o quizás su nicotina realmente valga la pena y la travesura de la llamada niña mala esté estropeando una vez más la escalera de póker. La decisión parece que ya no está en sus manos, de tanto jugar ha perdido su habilidad y error tras error solo puede dejarse llevar. Pero realmente lo que más trabajo le cuesta es poder mostrar que en realidad sigue siendo una niña y que las travesuras en el fondo no son más que su forma de jugar a lo que siempre le ha gustado, a Peter Pan. Mientras tanto el tiempo juega en su contra, y ella no sabe si tú todavía estás dispuesto a seguir jugando a ser ese Peter Pan, su Peter Pan.





