As palabras levounas o vento...

Mais hai verbas que sempre quedarán reflexadas...

17 abr 2008

Nadie dijo que fuese fácil ser una princesa



Un mundo de papel. Obsesionados por la belleza y por la perfección. Luchando por alcanzar la cúspide de la pirámide, el clímax que nos siente en el más alto trono de lo bello. La cultura y la belleza. El mercado de la estética. La pelea por la unificación de las tallas, la polémica por las campañas publicitarias, el gusto por el 90-60-90, la aparición de los trastornos alimentarios, los llamados comúnmente TCA, y la confusión.
325.000 españoles diagnosticados de TCA en nuestro país. La cifra se incrementa anualmente en un 20%. La edad de inicio es cada vez más temprana; se llega a hablar de edades entre los siete y los nueve años. Uno de cada cinco adolescentes corre riesgo de desarrollar una patología de este tipo. El 44% de los que reciben un tratamiento profesional mejora. Un 26% evoluciona aunque muy lentamente. El 24% son pacientes crónicos y el 6% muere.
El 1% de la población padece anorexia nerviosa. Entre el 2% y el 3% sufre bulimia y el 5% está afectado de algún TCA no específico. Los trastornos alimentarios presentan consecuencias importantes. Además de secuelas físicas (osteoporosis, alteraciones renales, hormonales y metabólicas) entre el 50% y el 70% de los pacientes sufren trastornos afectivos. De un 20% a un 50% los tiene de personalidad y entre un 30% y un 70% padece alteraciones en el control de los impulsos. Un tercio consume tóxicos.
El índice de casos de suicidio es “200 veces superior al índice general de suicidios” afirma el doctor Joseph Turón de la unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Clínico de Barcelona. Los casos aumentan año tras año, se elevan los casos entre los chicos. Aumentan los casos de bulimia y la franja de edad. ¿Nos encontramos ante una cuestión simplemente estética? ¿Se trata de una presión de los medios de comunicación y de una obsesión por la perfección y por la extrema delgadez y por “querer ser como esas modelos de las revistas”? Clara y rotundamente NO.
17 de abril. Comienza la “operación bikini”, nos bombardean con las dietas milagro, la dieta del kiwi, la del pomelo, la que sigue Eva Longoria y la que practican las chicas de Supermodelo. Sube la venta de revistas y mientras que las señoras de los quioscos entremezclan sus sonrisas aumentando su nivel de sudoku, no dejamos de oír comentarios absurdos a cerca de las calorías que el vecindario quema estos meses en el gimnasio de barrio. Y claro la anoréxica del cuarto, pobrecita, quiere ser como Vicoria Beckam todo el día en el gimnasio…me comenta medio sudada la del tercero en el ascensor con la mochila a la espalda, la bolsa de la compra en la mano izquierda y el perrito que no deja de ladrar en la mano derecha junto con la revista de la dieta de la primaver.
Enciclopédica médica de la salud:
La Anorexia es un trastorno mental caracterizado por un perfeccionismo extremo. La enfermedad conlleva el rasgo de verse muy delgada, y esto se logra a base de ayunos prolongados y restricciones alimentarias. La enfermedad suele tener un comienzo lento, progresivo, que , a menudo suele pasar desapercibido para los padres, logrando tomar conciencia de la enfermedad ya cuando su hija se encuentra demasiado delgada y ha perdido una importante cantidad de peso, presenta una negativa a comer rotunda o perciben que se les ha retirado la menstruación.
La Bulimia es trastorno mental caracterizado por un perfeccionismo extremo. La enfermedad alterna períodos de restricción alimentaria, con episodios de ingestas copiosas, llamados atracones, y seguidos de vómitos autoinducidos o provocados por la misma paciente o por el uso de laxantes o diuréticos. Estos episodios de sobrealimentación descontrolada llevan al descontrol en diversos ámbitos de la vida.
Enfermedad. Trastorno mental. No se trata de un capricho, no es un deseo, no es una moda, no es pasajero, no es algo buscado, es una enfermedad. Incomprensible, incomprendidas, incomprendidos, aisladas, aislados, involuntaria o voluntariamente.
Las pacientes son conscientes de que algo no marcha bien dentro de su cabeza. Algo las persigue, los persigue, las acompaña, los acompaña, las sigue, los sigue. No los deja, los apunta, los esconde, los regala, los amenaza, los expone, los hace reír, los hace llorar.
Las terapias que se llevan acabo no son suficientes. Los servicios hospitalarios dedicados a los trastornos de las conductas alimentarias no bastan. La presión está al orden del día. Las familias se destrozan. Ellos y ellas se derrumban también.
La Comunidad de Madrid abrió el mes pasado la segunda unidad para el tratamiento de la anorexia y la bulimia en el Hospital Gregorio Marañón. Prevé atender los casos más graves y atender 200 consultas individuales al mes y 180 terapias de grupo. Esta unidad se suma a la que funciona desde 2006 en el Hospital Santa Cristina, dirigida para chicos y chicas mayores de 18 años.
En Galicia la situación es mucho más preocupante. El único centro público de ingreso se encuentra en Santiago de Compostela en el Hospital de Conxo. Los pacientes con Trastornos de Conducta Alimentaria comparten sus horas con los ingresados por trastornos mentales. Ellos mismos les dan la merienda o les ayudan a pasar la tarde. ¿Terapia de choque?
Así y a todo las listas de espera son interminables y consigues una cama de enfermo y una plaza de enfermero para darle la merienda a la ancianita “tururú” de la habitación de al lado si en el bolsillo de atrás llevas una recomendación… como si lo que buscases fuese ganar un premio cuando realmente solo buscas una solución a una enfermedad.
Una nueva iniciativa viene de ponerse en marcha hace unos meses en algunas comnidades autónomas siendo Cataluña la pionera. Son los llamados pisos terapéuticos, eso si, bajo financiación privada. Están indicados para los casos de larga duración, los que recaen en la sintomatología alimentaria cuando tienen que regresar a su vida cotidiana y ven que no tienen las herramientas necesarias para desenvolverse con normalidad.
Así y a todo esto no es suficiente. Actualmente los casos de trastornos alimentarios están aumentando. Los terapeutas se encuentran con un cajón de sastre en que los pacientes presentan simultáneamente varios síntomas de TCA.
“Nadie dijo nunca que fuera fácil llegar a ser una princesa”, con este slogan se inician muchas de las páginas pro ana y pro mia (anorexia y bulimia) que se encuentran en la red y que son cerradas por el gobierno continuamente.
Mienten, ocultan, se autolesionan, tienen fallos de memoria, dificultades de concentración, características depresivas, inestabilidad emocional, llanto, fobia social. Todo esto no viene provocado simplemente por un anuncio de tv, por un anuncio de prensa o por una revista. Son múltiples y diversas las causas que se encuentran en el fondo de un trastorno alimentario. Es difícil el tratamiento de sus pacientes y son deficitarios los medios para la puesta en marcha de las terapias adecuadas.
A la vecina del tercero le seguirá pareciendo absurdo invertir dinero en esto, y como a ella a muchas personas más que continuamente lo acusan de tontería, de edad tonta, de ya se le pasará, o de cosas de la tele.
Pero detrás de todo eso hay algo más, hay una persona. Una persona que tiene sus derechos, una persona que tiene su vida y que de repente ve como todo se trunca y se va deshaciendo poco a poco. No es algo que se busque, es algo que viene dado y quizás por eso, porque es una enfermedad se debe luchar porque se mejoren las condiciones de sus pacientes. Es necesaria una atención que se adecue a las necesidades de las terapias requeridas para el tratamiento adecuado de los pacientes con tca.
Nadie dijo que fuese fácil llegar a ser una princesa y nadie dijo tampoco que fuese imposible llegar a serlo, no la princesa pro ana y pro mia si no realmente una princesa, la que realmente ya eran.

11 abr 2008

Lazos que deciden

Lo he decidido. Y que absurdo es decidir. Que absurdo es decidir algo ahora, decidirlo ayer, decidirlo mañana o decidirlo el mes que viene. La media melena morena, todavía sin reflejos rubios, descansa sobre su cabeza, no demasiado grande, como su cuerpo, no demasiado grande, pequeñito. Sus manos, más blancas que sus brazos se agitan de un lado para otro mientras que su boca sube la velocidad de escupir palabras envueltas de sonrisas y azucaradas de carcajadas. Acelera su paso y llamándome loca me dispara una flecha de vitalidad. Le sobra por los cuatro costados. A mí está cansada de regalármela. Y yo, cansada de rechazarla.
La complicidad irradia, desenfoca, ciega, inunda, agranda. Irremplazable, inigualable, imborrable y hasta inolvidable.
De lo congelado se pasa a lo templado, de lo frío a lo caliente y si me apuras hasta a veces me quemo. La sensación es cierto que no se explica con palabras, porque está todo dicho, y porque además queda todo por decir. El silencio nunca es incómodo. Cuando tiene un significado, sabemos cuál es, y cuando no lo tiene simplemente no significa nada, es sólo eso, silencio. Pero el silencio siempre se sienta en el taburete pequeño, como el de la cocina, porque siempre triunfa el sofá, y triunfa la palabra. Triunfa la palabra subida muchas veces al altavoz, la palabra adornada con la tontería que me olvidé de contarte ayer, la palabra salada con lo que hizo mi hermano el lunes a mediodía y la palabra aliñada con el peinado favorito que le pondrías a tu madre. Son palabras, palabras que se suman y se suman y como no nos gustan las matemáticas seríamos incapaces de hallar el resultado, porque la verdad son ya muchas.
Si grito me puedes oír, y no porque casi estás puerta con puerta, si no porque conoces mi grito, y yo conozco el tuyo. Políticamente correcta en estos momentos preguntas la pregunta que no querías preguntar pero si, vamos a hacer la cena.
En mi interior los navajazos son continuos y tú casi puedes percibirlos como si se clavasen y la sangre derramase por fuera, visible e invisible a la vez.
Evolución e involución, menos mal que te conozco porque si no…la frase más sonada y más repetida, será que está de moda, o eso quiero pensar. Va a ser que queramos o no nos conocemos de viejo, y eso que siempre supimos lo que nos iba a aportar el periodismo… pero nunca imaginamos que nuestra vida se vestiría de tantos y tantos colores al llegar a Santiago. Onde a chuvia e arte. 8760 horas, 525600 minutos, 3153360000 segundos, 4 años no llegan para contar el cuento de Compostela, nuestro cuento, nuestra aventura, los colores que llevamos impregnados dentro y que nunca dejarán de existir y tampoco el lazo que los une, aunque a veces no combine.
Los lazos tienen nudos que se aprietan cada vez más fuerte, a veces ahogan, es entonces cuando decidimos aflojar y tomar un kit-kat pero como ya sabes que tiene que ser con pocas calorías nunca me lo puedo terminar, y tú a veces, hasta me haces caso y te comes el resto.
La tortilla de patatas, con queso, la ensalada, con queso, los spaghetti, con queso, los canelones, con queso, las espinacas, con queso, el sándwich, con queso, la pizza, cuatro quesos, el pan, con queso, la tarta, de queso, y todo… con tomate.
Y que rara eres…Y que raras somos…y en lo extraño y lo peculiar está la belleza dijo un día uno de estos que tanto sabe…
Secador en mano y melena al viento, pelo panthene llegó a decir PC. Correteando por el pasillo, gritando, susurrando, hablando, o lo mejor riendo. Ay que ver como nos gusta reírnos. Como nos gusta reírnos de mí, de ti, de ella y de la otra, si de nosotras. Las cosas quitadas de contexto…son tonterías solemos decir, pero a todo le buscamos un huequecito y quien no lo tenga que lo fabrique. Y que no nos quiten lo mejor que tenemos. Y va a ser que crecemos. Una nueva etapa dice la llamada generación anterior. Si nosotros también nos gusta decirlo, pero en el fondo sabemos que hay cosas de esta etapa que nos gustan así, tal y como son ahora.
La dependencia no mola oímos en la calle. La dependencia a las drogas es una enfermedad, la dependencia de las personas mayores es un síntoma de que algo llega a su fin…pero en realidad hay dependencias que molan. Si de acuerdo, a lo mejor también lo oímos en la calle. Pero joer, está bien depender de alguien, depender de algo. Y nosotras hace tiempo que dependemos de algo, dependemos de los lazos de colores que además nos gusta que cuelguen, que no combinen y a veces hasta que aprienten.

6 abr 2008

Beefeater


Beefeater. La chica negra del pelo eléctrico y gafas de sol retro simboliza con sus dedos su victoria y con su sonrisa me quiere hacer creer que también es la mía. Está morena, como nos gusta, quizás es que ella es mulata, o negra, me gustan los negros, a veces más que los blancos. El reloj marca las 18:53 de la tarde. Mi morena blanca preferida, con o sin sonrisa, acaba de cruzar la puerta hace un rato y mi pelo, también alborotado, no es capaz de imitar a la chica Beefeater. Mis dedos tampoco saben hacer ya ese gesto, ese símbolo de victoria, quizás porque me recuerda a Fernando Alonso cuando aún sabía ganar una carrera, a algún partido de esos llamados de derechas cuando aún sabía ganar las elecciones, también a algún gilipollas de turno que gobierna, o lo intenta, sepa o no sepa ganar esas elecciones, o al super dépor, sí, cuando ganó la liga.
Los chicos Beefeater están serios, tiesos, no se mueven, ni el más ínfimo huracán haría que abandonasen su puesto. Duros soldados. Esclavos de la victoria. The power of London. A veces me gustaría tener su fuerza, su resistencia, su pasividad y porque no decirlo su paciencia. Su paciencia para ver pasar las cosas inmunes, sin moverse, sin apenas percibir, tal un árbol en el jardín de la casa de verano de mis vecinos de Valladolid. Los chicos Beefeater no hablan. No pronuncian palabras y quizás sea la solución más óptima, porque señores, las palabras nunca se volverán en su contra. Nos convencemos a nosotros mismos con miles de palabras, con millones de palabras, que años, meses, días, horas, minutos o incluso segundos después de pronunciarlas las tiramos a la basura y las cerramos en bolsa de plástico. Pero señores esos años, esos meses, esos días, esas horas, esos minutos o incluso esos segundos antes las hemos pronunciado convencidos de que así era, entonces créanme, no debe de echarse en cara, porque sólo se han utilizado para auto-convencerse, o sí, si quieren para engañarse a uno mismo, pero no para perjudicar a un tercero.
El cargo de conciencia se sube al caballo y galopa más salvaje que nunca cuando de nuevo se da cuenta de que no sabe galopar, y de que todos los argumentos que ha utilizado no han servido, que de nuevo se caerá del animal, y se dará un golpe, pero no es necesario que un buen jinete le recuerde que no debería de haberlo probado. Se caerá y se volverá a levantar y volverá a galopar, pero tendrá que aprender a hacerlo sólo, es demasiado tarde para recibir clases, y demasiado tarde para creer que no podrá aprender, para creer que se tendría que haber conformado con montar en la yegua de su primo Andrés o pasear agarrada a Pablo.
Necesitó, ha necesitado, necesita, y necesitará. Agradeció, ha agradecido, agradece y agradecerá, los buenos consejos que le han dado, desde la indumentaria, hasta como tratar al animal, mantener la calma, hasta pasando por la psicología. Es consciente de que nunca podría haberse iniciado sólo, de que nunca hubiese montado por primera vez y de que hoy no seguiría intentándolo, pero necesita libertad, necesita confianza en sí mismo. Necesita sentir el apoyo, oler, escuchar y jugar con él, pero no enfrentarse a él, que no se convierta en su presión, en su obsesión, en su preocupación.
Difícil de entender la psicología de un jinete, su manera de pensar, su mente. Le acusan de loco, bromean, o quizás en realidad lo piensan. El jinete tiene que luchar contra todo, y no sabe si estará preparado, pero no está dispuesto a perderse en el bosque y tampoco está dispuesto a perder a los amigos que le quedan porque sabe que éstos son de verdad. Ellos sí son jinetes, y de los buenos.
En los pies de su cama con la mirada profunda, las gafas, no retro, y el pelo también moreno, pero sin alborotar, la chica blanca del pelo negro con su sonrisa le quiere hacer creer que también es la suya, y si se lo dice ella, él sí se lo cree.
En los pies de otra cama estará su otra negra blanca en unas horas y después de dos días evitando el culo con culo, el jinete seguirá utilizando sólo un lado de su cama.

2 abr 2008

Puta Marbellización

SIMA, Salón Inmobiliario Internacional de Madrid. Logo din que os galegos non saen de Galicia, logo din que os galegos non se saben promocionar, logo din que os galegos non saben procurar os seus beneficios. E eu eu digo que “algúns”. En pleno apoxeo de boom urbanístico, aínda que hai quen comezou xa a cambiar o pé do pedal do acelerador bruscamente cara o do freo, armados de pico e pala pero coa gravata en tonos fucsias, que tamén sabemos ir á moda, chegan con maletín e cheos de expectativas os constructores mariñáns á capital dese país que chamamos España.
O recinto ferial de IFEMA contará os vinderios días de abril con presenza galega, e os municipios da Mariña pisan con forza na capital do Estado. O pobo de Pepito Rivera segue para diante na aberración urbanística que arremete minuto tras minuto, día tras día e verán tras verán, elevada a máxima potencia. Eso sí, os turistas están encantados, e sobre todo os de Madrid. Foz con 443 vivendas é o municipio lucense que terá unha maior presenza en SIMA, e lonxe de ser un gran dato, para min é unha verdadeira derrota. Corren malos tempos para a nosa costa, e a marbellización parece ser algo imparabel. ¿Máis porque ten que liderar Foz o imperio da masificación, da construcción, da edificación? O municipio lucense con maior presenza no Salon Inmobiliario de Madrid. 443 vivendas frente ás 31 de Burela, ás 132 de Barreiros, ás 220 de Ribadeo, ás 284 de Viveiro. Construímos edificios e multiplicamos supermercados. Esquecemos os servizos básicos, a calidade de vida.
“ A Mariña copa o 35% da oferta galega de pisos na feira de Madrid”, titula, La Voz de Galicia. Pisos que case ningún Mariñan pode xa mercar, pisos feitos para os de fóra, maleficio da invasión, conxuro da explotación. Arrepío e fervor, asuntos dos de gravatas aliñados e achegados sempre a cor política do sol que máis quenta, e con isto do cambio climático en Galiza o sol pega máis que a choiva.

Restos de glucosa



El lunes fue un día de finales. Y no me gustan los finales, sobre todo si son amargos. Pero tampoco me gustan las segundas partes, sobre todo si se llegan a plantear el poder filmar una tercera.
No me gustan los finales cuando no son sinceros, no me gustan los cobardes, no me gustan los niñatos, ni tampoco las niñatas, no me gusta que me defrauden y no me gusta sentirme defraudada, sobre todo cuando no se trata de algo madurado, de algo consensuado, y sobre todo de algo sentido, porque señores, he llegado a la conclusión de que los sentimientos sí que importan, y mucho.
No me gusta sentirme culpable, pero querido público ya no me sentiré jamás, porque la suela de mis zapatos brilla más que el aceite dorado al lado de tu puñal. Eres un impresentable, y lo sabes, eres un sin vergüenza y también lo sabes, y lo que más me jode es que una vez más, una de tantas, una de mil, una de cien mil, una de un millón, la chulería engalardonada de una simple fachada asustada tras cualquier piedra se arrastre por los suelos pisoteada al no ser capaz de enfrentarse, de no enfrentarse a nada, como ayer, como mañana, como siempre.
Le pegaré una patada a esa piedra para que rebote en tus putos remordimientos que quizás se peleen dando vueltas en tu cabeza fingiendo lo que nunca podrás dejar de fingir, el perdón que sabes que me debes, el perdón imperdonable, imborrable, irremediable, el perdón que quizás nunca llegues a pedirme y sabes que te digo, que ahora me alegro.
El lunes amargo tuvo un final dulce, el más dulce que podía desear, el dulce que me ha hecho vaciarte el azucarero por encima, rompértelo, tirártelo a la cara y regalártelo para siempre, porque yo el tuyo, ya no lo necesito. Tu azúcar solo fue para mi glucosa.

1 abr 2008

Caminemos


Caminemos. 9500 kilómetros. Siempre y cuando me regales una última sonrisa. No me gustan las despedidas. Las detesto. Les escupo, resbalo en el barro y hasta me chapuceo cayéndome de culo. Hoy día no será la despedida.
Caminemos. No, no vale estar triste. La línea 5 del metro de Madrid empuja a la multitud que reposa sus manos en el más ínfimo espacio. El cubículo naranja y blanco se divide en tres partes, tres partes con tres monitores, tres monitores con tres espacios, tres espacios con tres teclados, tres teclados multiplicados por dos manos, dos manos elevadas al cuadro por tres sonrisas. Tres sonrisas con nombre y apellidos. Tres sonrisas que fuman aires de felicidad mascados con chicles que compartimos de boca en boca.
Intercambiamos, sentimos, respiramos, miramos, comunicamos. El arte de comunicar decía McLuhan. Sentado en la butaca de al lado y rodeado de estrepitosas caras asustadas sin entender como una chica 16 años juega con el aborto tal si fuese a las muñecas. ¡Cómo cambiaron los tiempos! Dirán ellos y nosotros nos miramos, y nos reímos.
Nos pasamos los números de folio a folio tal el estadista a su aprendiz, que desdichada a su suerte no supera la frontera. Cosas de números.
Esperamos en fila india soltando culebras contra El Corte Inglés para pedir el sobre que viaje del centro a la punta oeste de la península con una hoja que ni siquiera se meterá en la urna del destino final, el fracaso.
Esto habla, esto tiene música, juguetes, osos de peluche, winni de poo y la psp de papá. Convirtámonos en los Rolling Stones por sólo 7 euros.
Te regalo un chicle. Te regalo una sonrisa. Buscamos un batido de chocolate y lo tomamos en El Jardín Secreto. Tan secreto que decidimos no volver jamás.
Nos probamos gorras, nos calzamos bailarinas y caminamos. Caminemos, 9500 km. Nos salpicamos pan con tomate al más puro estilo catalán y dejamos escapar un par de lágrimas. Entre esoterismos y magias me embaucaste con tu secreto que también fue mi secreto y que me hizo compartir el mío. Nuestros secretos.
Te regalo una sonrisa. Te regalo una sonrisa y dos sonrisas y mil y tres mil, para devolverte todas las que tu me has regalado, y espero poder decirte muy prontito, “caminemos” y que tu me respondas “caminemos si me regalas una sonrisa”.